Samobor, la escapada perfecta desde Zagreb.

Samobor, villa medieval croata

La vida en una gran ciudad tiene sus ventajas, a nivel de oportunidades laborales, de actividades de ocio y culturales, de oferta y espectáculos deportivos, etc. Pero por otro lado, el ritmo frenético, el tráfico, el ruido o la contaminación, a las que se ve sometido el residente de una gran capital le despierta el anhelo de realizar escapadas cortas a pueblos o pequeñas ciudades a menos de una hora de camino de la gran ciudad.

Los madrileños optan por hacer escapadas cortas a pueblos como Chinchón, o pequeñas ciudades como Aranjuez, Segovia o Ávila, en búsqueda de una oferta gastronómica singular y unos recursos culturales o paisajísticos únicos.

En Croacia, ocurre exactamente lo mismo, si bien Zagreb no está grande como Madrid, si se palpa en sus arterias el ritmo acelerado de la gran ciudad. En este caso los agramitas, gentilicio de los residentes en la capital croata, optan por escapadas de fin de semana hacia la vecina región de Zagorje, cuyo paisaje está repleto de pueblecitos dispersos entre verdes colinas, de viñedos y de castillos medievales, un relajado contraste con la bulliciosa capital y con las ciudades del sur mediterráneo.

Una de las escapadas favoritas de los urbanitas para pasar el fin de semana es la villa medieval de Samobor, a tan solo 20 km de Zagreb en pleno Parque Natural de Zumberak, una buena opción para los amantes del senderismo, y a tan sólo 5 km de la frontera con el el país vecino de Eslovenia.

Por lo tanto, Samobor es también un destino ideal para una excursión de mediodía para los que os alojáis en la ciudad de Zagreb. Dispone de buenas comunicaciones en autobús desde la Estación Central de la capital de Croacia.

Rincón en las calles de Samobor, Croacia
Rincón en Samobor.

Qué hacer en Samobor en un día.

Desde que entramos con nuestro vehículo de alquiler al municipio de Samobor, sentimos que habíamos hecho lo correcto, una visita a este pequeño pueblo fronterizo de apenas 5000 almas, habría valido la pena. Y es que el paisaje que lo rodea es verde, su aire es puro y su entorno urbano está muy limpio.

Samobor es ideal para recorrerla a pie, porque es de tamaño pequeño y todo está muy a mano, a menos de 15 minutos de distancia. Con lo que si llegas en coche, no lo necesitarás para moverte por el pueblo, solo disfruta del paisaje y respira aire puro.

El arroyo Gradna, de aguas pulcras, atraviesa el pequeño casco histórico de Samobor para desembocar más adelante en el río Sava. Hasta un total de 8 puentes cruzan sus aguas dentro del término municipal.

Esta pequeña ciudad ostenta desde 1242 el título de «ciudad libre real», año durante el cual el monarca Béla IV firmó su acta de fundación. Fue durante el Medievo, cuando Samobor vivió su máximo esplendor, gracias a su localización privilegiada como encrucijada comercial. Fruto de ello podemos disfrutar de su ordenado paisaje urbano, sus elegantes casas en tonos pastel, crema, rosa o naranja, y sus edificios religiosos.

En 1797 la villa de Samobor sufrió un terrible incendio, y fue a partir de esta fecha cuando se reconstruyó conjugando diferentes estilos arquitectónicos como el barroco tardio, el clasicista o el Bauhaus.

Gran parte de esta mezcla de estilos los podemos contemplar en el punto neurálgico de la villa, que es la Plaza del Rey Tomislav. Se trata de una plaza alargada repleta de locales de restauración y casas nobles pintadas en color pastel. Entre sus bellos edificios en el número 5 de la plaza se alza la Casa Consistorial, sede del Ayuntamiento de Samobor.

Plaza del Rey Tomislav en Samobor, Croacia
Plaza del Rey Tomislav.
Ayuntamiento de Samobor
Ayuntamiento de Samobor.



La fachada del Ayuntamiento está decorada con flores de colores y dos medallones inscrustrados: uno representa al compositor local del siglo XIX Ferdo Livadić, amigo de Franz Liszt; y el otro es la efigie del alcalde Ljudevit Šmidhen, quien impulsara la ciudad como destino turístico.

Otros edificios de la plaza en cuyos números debemos fijarnos por su importancia cultural e histórica son el número 13, desde el cual el poeta Stanko Vraz descubriera a su musa Ljubica; y el número 14 donde residión otro gran poeta, Antun Gustav Matoš , responsable de abrir la literatura croata al modernismo europeo.

Otro de los atractivos de esta plaza es su fuente. Cuenta una leyenda, que quienquiera que beba de su agua regresará tarde o temprano a la villa medieval de Samobor.

En cuanto a edificios religiosos destacamos la Iglesia de Santa Anastasia con su esbelto campanario amarillo, la construcción más alta del municipio vista desde lejos. Es una representación de los pocos ejemplos del barroco temprano croata. El templo, aunque consagrado en 1688, tenemos fecha documentada desde el siglo XIII.

Delante de la iglesia hay una escultura de la Virgen María dedicada a las víctimas de la Primera Guerra Mundial.

Vista de Santa Anastasia desde la Plaza.

Muy cerca se alza obonito templo católico, la Iglesia de la Asunción de la Virgen María, construida a principios del s. XVIII. El templo es conocido por un fresco monumental del pintor Franjo Jelovsek y por los incunables que conserva su biblioteca, pertenece al cercano Monasterio Franciscano, ubicado junto a la iglesia, junto a un bonito parque de secuoyas.

Los franciscanos llegaron a Samobor en 1525 y acabaron las obras de este monasterio de madera en el siglo XVII junto a la Iglesia de Santa María.

Para profundizar sobre la historia local de la villa tenéis que visitar el Samoborski Muzej, Museo de Samobor. El edificio e n el que se ubica perteneció al músico Ferdo Livadić, el del relieve del Ayuntamiento. Conserva un piano tocado por Lisz. En sus salas hace un repaso de la historia local desde tiempos prehistóricos hasta nuestros días. En el municipio se han encontrado restos arqueológicos que datan presencia humana hace 25.000 años.

Museo de Samobor
Museo de Samobor

Desde este lugar, parte un sendero de unos 15 minutos que a pie nos llevarán hasta la colina de Tepec, donde se alzan los restos del castillo de Samobor. Actualmente la fortaleza erigida entre 1260 y 1264, por el rey Ottokar II de Bohemia. ¿Sabías que en este castillo rodó el actor Jackie Chan una película?. Fue en 1986, bajo el título de «La armadura de dios». Durante el rodaje sufrió una aparatosa caída en un salto que estuvo a punto de costarle la vida.

Ruinas del Castillo de Samobor.

Samobor, como hemos comentado, es una pequeña ciudad en la que abundan los espacios verdes, uno de los más concurridos y bonitos, es el Park domovinske zahvalnosti, o Parque de la Gratitud de la Patria, llamado así en recuerdo a los habitantes de la villa que murieron luchando en la guerra de los Balcanes. En su honor hay erigida una estatua a los últimos defensores de la Patria de Samobor.

Durante el paseo por este bonito parque que discurre paralelo al río, encontrarás verdes prados, hamacas para disfrutar de la lectura al aire libre en plena naturaleza, y algún local para tomar unos tragos. El puente más antiguo que atraviesa el río está construido en piedra y data del año 1906.

Si de algo se sienten orgullosos los vecinos de Samobor es de sus tradiciones, como la del oficio de cortador de cristal, que se viene desarrollando desde hace casi 200 años. Fue en esta localidad de hecho donde se establecieron las primeras fábricas de este material. Algunas piezas históricas hechas en vidrio pueden ser admiradas en el museo.

También se elabora un pan de especias que está reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Como souvenir de la ciudad puedes comprar pan de jengibre. También tienen una Fiesta de Carnaval muy reputada en el país.

Pero por si algo se caracteriza esta localidad es por ser un destino de escapadas gastronómicas, hasta el punto que una excursión para venir a comer está más que justificada. Entre las especialidades locales destacamos una sopa hecha a base de setas y hongos, la “greblica”, una especie de tarta de origen minero rellena de queso y acelga) o las krafne, especie de donuts rellenos de mermelada.

Pero la especialidad local que se lleva la palma es el «kremšnita», una especie de milhoja rectangular rellena de crema esponjosa entre finas capas de hojaldre espolvoreadas con azúcar glass. Es ideal acompañarlo con una buena taza de café o té, o con un licor tradicional dulce conocido como Belmet.

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Diplomado en Turismo por la Universidad de Alicante y Licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Le apasionan los idiomas, habiendo estudiado en la Escuela Oficial de Idiomas de Elche, Inglés, Francés e Italia. Además es Guía Oficial de Turismo por la Comunidad Valenciana.

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